Ay! Federico,
mis manos caen,
cesa el aliento triste
y
sólo me despierto
bajo tu mirada.
Ven a las cinco de la tarde
y háblame en las palabras.
Reúne las vocales,
forma sílabas;
mientras inhalo
tu orden de amor
al exhalar mi propia voz.
Vilda Aponte
27/12/2012
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